Por Qué Yo (Y Todas Las Mujeres) Deberíamos Aprender A Recibir Un Cumplido

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Nunca voy a olvidar esta situación que me pasó hace unos días y me hizo pensar mucho más allá de lo que realmente significó el hecho mismo.

Estaba en la fila del supermercado, cuando una señora que estaba justo detrás mío me dio un cumplido para el cual, debo admitir, no estaba preparada. “Déjame preguntarte, de dónde es ese vestido tan lindo que tienes puesto. Además te queda muy bien, me encanta y no pude dejar de comentártelo”. Al principio, me sentí bien con su piropo. Le di las gracias por sus palabras tan amables y le dije que era nuevo y que también me gustaba mucho. Pero, después de 30 segundos sentí la necesidad de seguir con las siguientes palabras: “En realidad el vestido es barato y lo acabo de comprar en liquidación, no es ninguna elegancia. También quizás ayuda que es verano y tengo algo de color”. Justo cuando terminé de decir eso, noté un cambio en su cara y me dijo: “No tienes que hacer eso”.

Inmediatamente me arrepentí de esas últimas palabras. ¿Por qué simplemente no recibí ese cumplido?…

Young woman using smart phone at sunset

 

 

La verdad es que me esfuerzo mucho por encontrar ropa que sea linda, que favorezca mi figura y vaya de acuerdo a mi estilo, por lo que no había necesidad de sentir culpa o sentirme incómoda por recibir un auténtico comentario positivo. Esta mujer estaba siendo genuina, pero parte de mi sentía que tenía que “encogerme” después de sus palabras. Quizás porque me sentía egoísta, no quería sonar “creída” o quizás es porque simplemente a todas nos cuesta recibir cumplidos.

Hay una cita de Marianne Williamson que se viene a mi cabeza y resume a la perfección lo que me pasó: “Nos preguntamos, ‘¿Quién soy yo para ser brillante, magnífico, talentoso y fabuloso?’ En realidad, ¿Quién eres para no serlo?… Tu pequeñez no le sirve al mundo. No hay nada bueno en encogerse para que otras personas no se sientan inseguros a tu alrededor. Todos estamos destinados a brillar, como hacen los niños… Y cuando permitimos que nuestra luz brille, inconscientemente damos permiso a otros para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia automáticamente libera a otros.” Estas son palabras que hago un especial esfuerzo para incorporar en mi día a día, pero puede ser especialmente difícil, sin embargo es bueno hacer el esfuerzo, porque finalmente somos nosotras mismas quienes tenemos que querernos y saber el valor que tenemos.

El ejemplo del vestido es algo cotidiano y sin mucha importancia, pero sí refleja esa dificultad que en general todas tenemos para recibir cumplidos. La próxima vez que recibas uno, responde con amabilidad y una gran sonrisa!

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